El conflicto como herida
Todos lo conocemos: Un conflicto con nuestro vecino, un amigo, un cliente o proveedor, una situación de estas que es muy difícil de aguantar y que puede quedar amarga aún cuando ha pasa bastante tiempo. El conflicto se desborda, y la persona a la que nos enfrentamos nos insulta, nos culpa de todo, nos ataca, y exige cosas imposibles e injustas de nuestra parte. Al final, aún cuando la situación está aclarada y una solución más o menos buena existe,seguimos sintiéndonos mal, y el conflicto persiste, por fuera y dentro de nosotros. Por fuera evitamos la persona o discutimos mucho, o vamos como si andáramos en huevos para que no sacar este problema de nuevo. Por dentro, la rabia, amargura, el dolor, la injusticia y todas las demás emociones persisten, más o menos conscientes. Y puede llegar al punto que después de años, cada vez que nos acordamos de la otra persona, es como si el conflicto fuera ahora. Es una herida interna que en cada momento puede doler de nuevo.
Dejarlo ir y hacer paz – ¿Porqué es tan difícil?
¿Cuándo expira el enfado? ¿Cuándo se acaba el dolor? ¿Cuándo podemos dejar de volver a culpar la otra persona una y otra vez? ¿Cuándo somos capaces de perdonar, o al menos de dejarlo ir?
La herida del conflicto no se cura sola. Dicen que el tiempo cura todo, pero no es cierto: El tiempo sólo ayuda a los procesos que hacemos. Y so no curamos nuestras heridas, nos cerramos cada vez más y vamos con más cuidado hacia los demás, y luego acabamos creándonos situaciones similares en las que salen las mismas emociones. La vida es irónica. No nos deja huir. Si no resolvemos nuestra parte del conflicto, la vida nos planta otra situación para resolverlo.
¿Porqué es tan difícil dejarlo ir? Todos lo conocemos, que en una pelea, ya sentimos que no tiene sentido de discutir en este momento, pero seguimos y cada vez se agrava la situación. No podemos callarnos, no podemos retirarnos, no podemos ni dejar que pase un día o una hora antes de reaccionar. La misma fuerza nos hace insistir y recordar y revivir la misma historia dentro de nuestra mente, una y otra vez, cuando el conflicto ya no es agudo. Es la fuerza del ego. No aguantamos que alguien nos vea de forma negativa, tenemos que luchar para que la otra persona reconozca que somos una buena persona y que tenemos razón. Simplemente no podemos aguantar que a alguien no le caímos bien. Que alguien nos vea negativo. Defendemos nuestra autoestima en la situación real, y luego a nivel mental. Entonces si volvemos a hablar a nuestros amigos y familiares de esta persona imposible, de todo lo que nos ha hecho, es para recibir su apoyo y su afirmación que nosotros somos válidos, y que lo hemos hecho bien.
No hay razón para defenderse

DEJARLO IR
Podríamos verlo de otra manera: Yo no influyo lo que piensa una persona sobre mi. Cómo me ve mi vecina depende mucho de su propia experiencia en la vida, sus creencias, sus actitudes y su forma de ser. Y lo que yo hago realmente sólo tiene una influencia muy limitada a cómo ella me ve. Ralph Waldo Emerson lo dice de la siguiente manera:
La gente solo ve lo que está preparada a ver.
Entonces puedo dejar que ella piense lo que quiere, porque no es un juicio sobre mi como persona. Le puedo dejar su opinión y sus emociones negativas sobre mi, porque no son mi responsabilidad, ni tampoco mi realidad, si no elijo hacer que lo sean.
O podríamos decidir que la opinión de mi vecina no vale más que la mía. Que ella puede atacarme y verme como mala persona, pero que mi propia valoración de mi misma tiene el mismo valor, con lo cual no tengo que conseguir que ella esté de acuerdo. Yo simplemente elijo mi propia opinión. Hay una cita de Eleanor Roosevelt que me gusta mucho:
Nadie puede hacer que te sientas inferior sin tu consenso.
Acabar un conflicto es sanar nuestras emociones
Para que un conflicto deje de emocionarnos, hay que sanar nuestras emociones. Esto ante todo, es un tema de responsabilidad e intención. Tenemos que aceptar la responsabilidad de nuestro enfado, de nuestro impulso a luchar y a herir y de culpar a la otra persona. En primer lugar, esto es una decisión mental: “Yo tomo la responsabilidad de mi odio y mi enfado”… Y al pensar esto, podemos empezar a sentirlos. Dejar la historia y todos los argumentos que vuelven a dar la culpa a la otra persona. No, es nuestra elección que damos tanto poder a estas emociones. Todo lo que tenemos que hacer para empezar a sanarlas es tomar responsabilidad y sentir. Sin evitar y sin lucharlas. Hay muchos más métodos que nos ayudan a transformar emociones, pero este es el más simple. Si lo intentas encontrarás que hay mucha resistencia contra sentir eso, pero puedes leer cómo tratarla y superarla en este artículo.
Y una cosa queda claro: La persona que más sufre de estas emociones negativas y de no poder superar el conflicto, somos nosotros mismos. Así que, ¡vale la pena buscar la forma de dejarlo ir!
Dejar la mentalidad ganar-perder
El enfoque mental que más ayuda es buscar la salida de la idea que hay una ganador y un perdedor, y de que tienes que luchar físicamente o mentalmente para ganarle a la otra persona (la razón, el recurso, la superioridad…). Porque al final, todo lo que queremos es estar en paz. Sentirnos bien, sentirnos amados y aceptados. Es curioso que luchamos tanto, pensamos y aguantamos para conseguir atención, amor y afirmación. E incluso cuando lo “conseguimos”, muchas veces no nos sentimos llenos. Entonces, porque no hacerlo al revés: Puedes decidir en cada momento, que tú si te quieres. Y que por eso dejas ir la historia del conflicto y del mal que te han hecho. Simplemente eliges, que incluso con todo lo que ha pasado, tu te mereces estar en paz. Que la vida no necesita más pruebas, que o necesitas luchar para ser reconocido. Que ahora es el momento de quererte a ti mismo, y de dejar ir todo lo que te hace sentirte mal.
… Me encantaría leer sobre vuestras experiencias, dificultades y éxitos con la solución y superación de conflictos. Abajo hay sitio para poner comentarios


